“Fenomenología de la religión y fenomenología histórica de la religión”.





En diferentes puntos de nuestra esfera terrestre, se pueden encontrar grupos que practican diferentes religiones, con el deseo incesante de hallar respuesta a algunos misterios y necesidades espirituales, que ni la misma ciencia con su acelerado avance puede suplir o resolver, y cuyos principios se convierten en muchas oportunidades en un “modus vivendi”.

En cuanto al fenómeno sociológico, la religión está hecha de unas creencias, un culto y unas normas que se comparten en comunidad, lo cual da origen a una experiencia religiosa, que es la percepción de la trascendencia en el ámbito del mundo y de la historia, experiencia que necesita de la mediación interpretación y expresión de esa misma comunidad en la que el individuo se desenvuelve. Muchas veces nos preguntamos el porqué de tantas religiones, y la respuesta quizás sea, que este fenómeno (La religión) obedece al contexto histórico y cultural que posee cada grupo o comunidad.
Las diferentes religiones proponen, pues, un conjunto de normas que no son otras cosa sino las exigencias, mínimas para que el individuo encuentre su plenitud en relación con el mundo, con los otros y con el trascendente,; experiencias que están siempre relacionadas con la experiencia del mal y la experiencia de salvación, se tomen desde el punto de vista que se tomen estos dos términos.

Es cierto que cada religión es distinta, pero todas ellas coinciden en la importancia de obrar el bien y de evitar el mal que hace daño al individuo y al grupo.
Es muy claro, que la experiencia de salvación, en todas las religiones, se entiende como liberación de las miserias de la existencia. Pero cada religión identifica de diversas maneras estas miserias y el proceso de liberación de ellas. Desde la doctrina de las reencarnaciones sucesiva y de la existencia de castas, por ejemplo, del hinduismo y el budismo, las malas y las buenas acciones, tienen su efecto en el sistema de retribución que constituyen las reencarnaciones en castas superiores o inferiores. Las buenas obras en este sistema, permitirían una reencarnación mejor en la próxima existencia.


Ahora aparece entre todas esta la “Religión del amor”: EL CRISTIANISMO, porque más que una religión es una relación directa con el Dios del amor; el cual no escatimó a su hijo unigénito, sino que lo entregó por nuestros pecados, en un gesto de profundo amor por su más consentida creación: “el hombre”; esta afirmación la encontramos en la Santa Biblia, en el evangelio de San Juan, capítulo 3, versículo 16, que a la letra reza: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna”.
Jesucristo, la muestra más palpable del verdadero amor, es el protagonista de esta religión, quién siendo en forma de Dios, no estimo en ser igual a Dios, sino que se despojó a si mismo, tomando forma de hombre, para habitar en medio de hombres pecadores y por estos mismos ser condenado a la crucifixión, aun sabiendo en su omnisciencia, lo que habría de acontecerle, pero obedeció al Padre, por amor, y solamente por amor. El hombre ha buscado el bien para su alma y la permanencia eterna en dicha y felicidad, cada grupo, lo ha buscado a su manera, practicando a su modo la fe, como lo observamos en párrafos anteriores, pero el Dios de los cristianos, ha suplido esa necesidad, entregando a su propio hijo como sacrificio de expiación por el pecado. En el cristianismo, no hay reencarnación para mejorar la casta anterior, pero hay resurrección para una vida eterna donde no habrá llanto, ni tristeza, sino que se gozará eternamente al lado del omnipotente, esto, como recompensa por buscar en vida, su presencia en oración, ayuno y obediencia a la palabra profética más segura, que se encuentra en las sagradas escrituras o lo que se denomina “La Santa Biblia”.


El común denominador de las religiones, son los ritos propiciatorios para aplacar a la divinidad mediante el pago simbólico de un rescate por la ofensa, por lo cual el hombre se libera de la atadura del pecado y queda reconciliado: en armonía con el dios, consigo mismo, con el cosmos y con el cuerpo. ¿No es acaso esta la mayor prueba de excelencia del cristianismo?,. Pues Jesús “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a si mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombre; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filip.CAP. 2 Vs. 6, 7, 8.).

Adicionando a todo lo anterior, y quizás lo más importante de este discurso, es que a través del Cristianismo, se establece una relación de amistad con Dios, por Jesucristo y su Santo Espíritu, el cual reposa sobre todo creyente que halla en la santidad una ofrenda grata a su Señor, apartándose de todo lo que lo contamina, para lo cual este espíritu le da poder, y con ello haciéndose más próximo a la presencia de Dios, que permite tener experiencias de felicidad aún en esta tierra y lo prepara para una dicha eterna, pues “…en su presencia hay plenitud de gozo y delicias a su diestra y para siempre.” (Salmo 16, versículo 11). Se habla de relación con Dios en el cristianismo, pues ninguna en otra religión la deidad, ofrece amistad directa con sus seguidores; per recordemos las palabras que dijo Jesús sobre su amistad con el cristiano: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.(Jn Cap. 15 vs. 14) y añade aún, “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos…”. (Jn Cap. 15 vs. 15), En Cristo no hay clases sociales, ni distinciones de raza, ni grados, para él todo el que a él se acerca puede ser su amigo, sin distingo de castas, ante sus ojos todos los seres humanos son iguales. Así mismo, Jesús invita a sus seguidores a tener buenas relaciones con todas las personas, a amar al prójimo como a sí mismo, a perdonar sin vacilar, a transmitir y comunicar las buenas nuevas de su salvación con amor, para que se añadan a su cuerpo, que es la iglesia, pues quién cree en su palabra es recibido como miembro de una familia, sin distinción de credo, clase social, raza o color, contario a alguna clase de religión que no busca prosélitos, pues estas afirman que quien no haya nacido dentro de ella, es excluido de la salvación y es condenado por no pertenecer a sus castas.

En el Cristianismo la relación con Dios, no es simplemente un cumplimiento de sus leyes para escapar de la ira venidera por la desobediencia; como en otras religiones se observa, es más bien una actitud de agradecimiento por las bondes recibidas, por conservar esa amistad que trae paz, gozo, alegría y esperanza al creyente.
Estas y muchas otras razones, son el motivo por el cual, en medio de tantas creencias, el Cristiano se inclina por su religión, y permanece en ella, pues no solo posee beneficios mientras vive, sino que tiene la esperanza de un mejor vivir en permanente e ininterrumpida felicidad en la eternidad. Así pues la verdadera importancia para el cristiano, para el creyente, para quien esperanzado en el encuentro con el padre se dedica día tras día a amar con fe y con amor a sus hermanos, debe estar en el encuentro consigo mismo y en su eterno e interno amor a Dios.

Apoyo bibliográfico: http://es.catholic.net/ecumenismoydialogointerreligioso/790/2674/articulo.php?id=26041

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