“Panteísmo”




“Para el panteísta, todo cuanto existe es dios y dios es todo cuanto existe”.


El siglo en el que vivimos ofrece a todo los seres humanos un doble carácter de fuerza y debilidad, de grandeza y de miseria. La filosofía podemos determinar que ha tomado una fuerza y dirección espiritual, la ciencia ha ensanchado su horizonte, el arte ha comprendido mejor cuál es su misión y los instintos de nuestra naturaleza han despertado con gran entusiasmo y energía a todas las conciencias. Vemos un mundo fatigado por lo material y una sociedad cada vez más injusta e impotente, seres humanos pidiendo a la fe y a la esperanza religiosa, nuevos alimentos para su desgastada existencia.
En el panteísmo ateo, en el que el universo es concebido como la única realidad verdadera. A esa realidad se reduce Dios, que suele ser concebido entonces como la unidad del cosmos, como un principio orgánico de la naturaleza, o también como autoconciencia del universo. Así el hombre entonces existe como una parte de la divinidad, no como producto de esta. Dios y las creaturas son la misma cosa.

Una inquietud, una pregunta, un camino...

El hombre de todos los tiempos, se ha preguntado, sobre la existencia de sí mismo y de todo cuanto lo rodea. Una realidad que abarca el horizonte mismo de quién busca la verdad.

Es así que el hombre en su búsqueda, no se conforma con sólo hallarla en un ser material, sino en alguien infinito, capaz de responder a las preguntas fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Hacia dónde va? ¿Cuál es el sentido de su vida y finalidad? ¿Por qué sufre? ¿Por qué muere?¿Existe felicidad? estas y otros cuestionamientos que son humanos y que por tanto buscan una repuesta en la eterno.

Dada ésta coyuntura, el ser humano espera de todas las religiones la respuesta a este misterio insondable, que es el hombre.
En efecto las religiones, ligadas al progreso de la cultura y por ende del hombre, tratan de dar respuesta mediante ideas y algunas nociones, más elaboradas y pensadas. Tal es el caso del budismo.